Ciberia o la evolución de la forma consciente
A la vuelta de varios años Ciberia impresiona todavía. En esta obra con la que continuamos nuestro recorrido por los librosdelared, Douglas Rushkoff recoge algunas experiencias de vida de la cultura emergente de los inicios de los noventa, cuando “todo parecía posible” a partir del “enorme potencial de reunir las tecnologías informáticas más recientes con los sueños más íntimos y las verdades espirituales más antiguas.”(1)
Ciberia es expresión de una época donde el abaratamiento del hardware y las interfaces gráficas extendieron el acceso a las Tics. Es el “nuevo” término utilizado para nombrar un territorio sin fronteras o Sión, un espacio propiciado por la tecnología donde representantes de miradas alternativas y contraculturales registran sus visiones.
“En Ciberia (…) no se lucha por territorio ni fronteras, sino por las definiciones mismas de tales términos. Es como un conflicto entre cartógrafos, que entienden el océano como una cuadrícula de longitudes y latitudes, y surfistas, que lo ven como una danza de olas caóticas.”(2)
El ciberespacio toma protagonismo asoma como un mundo paralelo a la vida off line, y se explicita descubre una de las “más premonitorias (…) contribuciones del ciberpunk a la literatura y las artes”, según el propio Douglas Rushkoff: “la invención del ciberespacio como un lugar real”.
En Ciberia, la tecnología informática y el ordenador son herramientas y a la vez metáforas. Su interconexión constituye una extensión electrónica para la expansión de la mente humana, un viaje de descubrimiento por territorios desconocidos hasta el momento, desde la creencia “compartida de que la humanidad ha sido un avance voluntario hacia la construcción del próximo hogar dimensional para la conciencia.” (3)
La exploración y construcción colectiva de la realidad, la búsqueda de la conciencia compartida toma diversas formas en Ciberia, según las experiencias de sus habitantes a partir de viajes psicodélicos con sustancias como el LSD –donde el autocontrol influye en el ascenso y el descenso, así como en el saldo final del “viaje”-; música industrial y house; juegos de rol –donde la esencia es la liberación de las restricciones de una sociedad que toma partido, valora, gana o pierde-; prácticas neopaganas, hackers y crackers…
En la negación “hereje” de las normas de organización de la sociedad occidental; en el cuestionamiento de los centros de poder, control y manipulación social; en la recreación del espíritu de cambio epocal de Ciberia, no están delimitados el placer, el sentido lúdico y la vocación contestataria. Acaso por la conformidad de que el darse cuenta ya implica un cambio, y la seguridad de que “mediante la expansión de nuestra conciencia rediseñamos la realidad y a nosotros mismos sin esfuerzo”. (4)
Notas
(1) Douglas Rushkoff. Ciberia. La vida en las trincheras del hiperespacio, p. 2.
(2) Ídem. p. 429.
(3) Ídem. p. 19
(4) Ídem. pp. 191 y 192.
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